
Tras dos semanas de la llegada de Obama, aún no hay nada claro.
Expectativa. Esa es la palabra que resume la recepción de los mandatarios latinoamericanos a Barack Obama. Desde los más duros, como Hugo Chávez y Fidel Castro, hasta los más cercanos a Estados Unidos, como Álvaro Uribe, todos, están esperando que, como Papá Noel, el Presidente les dé algún regalo para sus gobiernos: el Tratado de Libre Comercio para Colombia, un levantamiento del embargo para Cuba o palabras más dulces para Venezuela.
El cierre de la cárcel de Guantánamo fue una señal de los cambios que Obama piensa introducir en su gestión.
El principal interrogante es si la Casa Blanca está dispuesta a colocar otra vez a América Latina en un lugar importante de su agenda internacional. Parece difícil, con una guerra en Iraq, otra en Afganistán y la agresión israelí a Gaza, problemas que arden todos en su escritorio y que necesitarán la atención prioritaria de la secretaria de Estado, Hillary Clinton.
Por eso, algunos asesores del nuevo Presidente sugirieron que se designe un delegado especial para dialogar con los líderes latinoamericanos, al tiempo que se mantendrá al secretario adjunto del Departamento de Estado, Thomas Shannon, por lo menos por un año.
La V Cumbre de las Américas, que se reunirá en abril en Trinidad, será la ocasión para que Obama, como parte de los 33 mandatarios americanos, tenga su primer acercamiento a la región.
El embargo: una primera prueba
La política exterior de Estados Unidos tiene una serie de temas que son asunto de Estado, cuyas líneas generales son seguidas por demócratas y republicanos, aunque con distintas acentuaciones.
Uno de esos temas es el bloqueo a Cuba. Existen enormes expectativas en la isla, de que Obama termine con esta medida, que ha sido mantenida por once presidentes Hasta la cubana Isabel Toledo, que diseñó el vestido verde pistacho de Michelle Obama para la posesión de su marido, habló de “esperanza”.
Obama ha sido muy cauto en sus declaraciones sobre este punto, aunque ha dejado saber que está dispuesto a flexibilizar las limitaciones sobre viajes y giros de remesas impuestas por el gobierno de George W. Bush.
“Parece un buen hombre, que tenga suerte”, dijo el presidente Raúl Castro, al tiempo que su hermano Fidel, aprovechó la visita de la presidenta argentina, Cristina Fernández, para transmitir su opinión sobre Obama. “Me dijo que no solamente tenía una muy buena historia como dirigente político, sino que, además, era un hombre que se lo veía sincero”, declaró la Mandataria.
El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y Barack Obama tuvieron una cordial conversación telefónica por varios minutos, la semana pasada. La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, que tiene un buen conocimiento de la región, según analistas, será clave en las relaciones con este gobierno.
Fidel le contó a Cristina que siguió atentamente la asunción por televisión, y luego escribió en su columna del diario Granma, que “no duda de la honestidad de Obama”, pero que “a pesar de sus nobles intenciones quedaban muchas interrogantes para responder”.
Más cauteloso fue el presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón, al decir que Obama “es un gran signo de interrogación”.
Chávez: una de cal y otra de arena
En su discurso de posesión, Obama se refirió a todos los gobiernos con los cuales EE.UU. ha tenido una importante confrontación en los últimos años. Sin nombrarlos, manifestó: “Les tenderemos la mano si están dispuestos a abrir el puño”.
El líder venezolano recogió el guante, y afirmó que si el Mandatario de Estados Unidos “abre el puño”, se iniciaría el camino para la recomposición de las relaciones bilaterales.
Estas declaraciones suavizaron sus primeras estocadas, antes de la posesión del Presidente, cuando alertó a su audiencia, previniendo que Obama y Bush podrían ser “la misma miasma”. “Nos espera a nosotros entonces seguir la lucha contra el imperialismo sea blanco o negro, o como se vista”, concluyó.
Obama contestó comentando que Chávez “ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región”, y habló de que el respaldo venezolano a “entidades maliciosas como las Farc (...) crea problemas que no se pueden aceptar”.
Sin embargo, los dos líderes dejaron las puertas abiertas: Obama dijo estar dispuesto “a comenzar conversaciones diplomáticas para ver cómo mejorar las relaciones”, y Chávez, habiendo escuchado las opiniones de Castro, decidió darle “un compás de espera”.
Lo que más preocupa a Washington es la próxima reunión de Grupo de los 20 en Londres, en abril, donde se discutirá la crisis mundial, y donde Lula planteará su propuesta de “una nueva arquitectura financiera internacional”.
Brasil, aliado
“Llamame Barack”, le dijo Obama al brasileño Luis Inacio Lula da Silva, en entrevista telefónica de 25 minutos. Los dos líderes acordaron “sostener la estabilidad política de América Latina”, y Obama se comprometió “a trabajar en coordinación” directa con Brasil.
La buena relación entre EE.UU. y Brasil continuará profundizándose. “El liderazgo regional brasileño hoy es funcional a EEUU, que enfrenta crisis en diversos lugares del mundo, siendo su poder desafiado sin precedente en las últimas décadas”, dijo el analista Rosendo Fraga.
“Es así como la creación del Consejo de Seguridad de América del Sur, iniciativa brasileña para crear una estructura de defensa regional sin Washington, fue elogiada desde esta capital”.
Por eso, “la combinación del primer presidente afro en los EEUU con el primer Mandatario obrero en Brasil puede no sólo ser un dato eficaz para la política regional, sino para la diplomacia global”, concluye el analista.
Colombia, perdedor
Colombia es, quizás, el país que más debe preocuparse, pues el presidente saliente George W. Bush no pudo, pese a todos sus intentos, lograr la aprobación del Tratado de Libre Comercio.
Tanto Obama como Hillary Clinton se opusieron, como senadores, a la firma del tratado, que no será prioridad de la nueva administración ni del Congreso, y que, en el mejor de los casos, lo discutirá en el segundo semestre.
Otros países
Chile y Perú hace tiempo tienen muy buenas relaciones con Estados Unidos.
México será prioritario. La confirmación de Obama de que continuará con el Plan Mérida, que financia la lucha contra la droga, es una clara señal de continuidad.
En cuanto a la Argentina, no habrá mucho cambio. Los roces entre los Kirchner y el anterior gobierno republicano, no han tenido la trascendencia para modificar la relación con la Casa Blanca.
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